
Del helado a la cápsula de los antibióticos, a las algas ya hay quien las considera la materia prima más influyente del siglo XXI. Suponen un tercio de los vegetales del planeta, algunas de ellas contienen más hierro que las lentejas, y además, se comen el CO2 e hidratan la piel. Sin ellas, los helados se derretirían antes de comerlos, y hasta la gelatina que envuelve el jamón York las contiene. Bienvenidos al viscoso y lucrativo nuevo mundo de las algas. China nos lleva unos miles de años de ventaja: ya en 2700 a. C., el país asiático las usaba para preparar alimentos, medicinas y cosméticos. En Europa vivimos durante mucho tiempo de espaldas al mar, hasta ahora. Tradicionalmente, en la costa cantábrica y gallega se recolectaban algas de arribazón, las que quedan al descubierto al bajar las mareas, y se utilizaban para fertilizar los campos. Su gran concentración de minerales y hormonas vegetales las convierte en un abono perfecto para restituir la microestructura de los suelos agrícolas. Ahora, esta actividad se desarrolla industrialmente. Y no solo esta.
Mejor que un vaso de lecheExisten 30.000 especies de algas, según nos explica Stefan Kraan, director del Centro Irlandés de las Algas. De ellas, unas 10.000 son macroalgas, y el resto microalgas, las más desconocidas, algunas de las cuales son tan pequeñas que 30 de ellas pueden caber en el grosor de un cabello. No todas son lo mismo, ni sirven para lo mismo. Las más habituales en nuestras playas, las algas verdes, son muy ricas en carbohidratos, proteínas, vitaminas –sobre todo la B– y minerales. “Su gran contenido en calcio puede hacer que pronto sustituyamos el vaso de leche por el plato de algas: comparadas con los productos lácteos, proporcionan hasta un 10% más de este elemento”, explica Stefan Kraan. El alga roja tiene, en estos días, un destino más elitista. Se ha convertido en un básico de los laboratorios donde se realizan análisis de ADN. La razón: la cicoritrina, un pigmento del alga roja que se utiliza como marcador fluorescente. El marcador tiñe los aminoácidos de la cadena de ADN, algo que ayuda, por ejemplo, en pruebas de paternidad, criminalística, etcétera.
Contra el cáncer de mamaLas algas se utilizan también como anticoagulante, para el tratamiento de la diarrea y, esperemos no tener que comprobar esta capacidad, contra la disentería. Pero sus aplicaciones más importantes en el terreno de la medicina están por venir. “Veremos grandes avances gracias a ellas, y ya reciben el nombre de materia médica del siglo XXI”, afirma Stefan Kraan. “También se ha sugerido”, apunta el biólogo holandés, “que el bajo índice de cáncer de mama que se da entre las mujeres japonesas pueda estar vinculado con la ingesta de algas pardas, que contienen un alto porcentaje de yodo”. Esta es una de las bondades que se está investigando en estos momentos. Otra línea de investigación rescata una de las habilidades más interesantes de la “verdura marina”, sus propiedades biocidas; es decir, son un arma eficaz contra microorganismos considerados nocivos para el hombre. Así, se investiga si pueden actuar como profilácticos contra el virus del sida; en otras palabras, si podrían ser útiles para inhibir su contagio. Hay otros usos sanitarios que tienen puesta su esperanza en esta panacea. Por ejemplo, derivados polisacáridos de las algas podrían ser útiles en tratamientos de la arteriosclerosis. Ah, y el mismo calcio que sustituirá a la larga el vaso de leche servirá para luchar contra la osteoporosis.